Visualiza la situación: está amaneciendo, la playa todavía está desierta, extiendes tu esterilla e inicias tu sesión de yoga, como siempre, con un momento de meditación. Es difícil imaginar un escenario más apropiado, así que siéntate con la espalda recta y respira despacio inhalando por la nariz y expirando por la boca, concéntrate en la luz, la brisa o el ruido del mar. Con cinco o diez minutos ya es suficiente. Estás preparado para practicar yoga.